domingo, 19 de junio de 2011

¡¡¡¡Creemos en la Democracia y en la Recuperación de la Educación Pública!!!!

¡¡¡¡Creemos en la Democracia y en la Recuperación de la Educación Pública!!!!

    Los Partidos Políticos Tradicionales, la  legitimidad para abordar el problema de la Educación y el desarrollo de la Políticas Públicas condicionadas por una clase política determinada.

Las Universidades de todo el país comenzaron en mayo sus movilizaciones con marchas y actos culturales y bajo la consigna de “recuperar la educación pública”. Estas acciones se han ido acrecentando, llegando en estos momentos a mantener paros y establecimientos en toma en todo Chile.

Según se publica en la página de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, FECH, sus demandas son: a) acceso con igualdad, equidad, integración, y heterogeneidad social en la matrícula con la creación de mecanismos complementarios de acceso como propedéuticos, nivelación bachilleratos y rechazo a la PSU.  b) Aumento el financiamiento público en Educación Superior como porcentaje del PIB: Aportes basales de libre disposición; Fondo de revitalización para las Universidades Tradicionales; Reestructuración integral del sistema de becas y ayudas estudiantiles, en pos de terminar con el sistema basado en el endeudamiento familiar; Tarjeta nacional estudiantil única y estatal, válida los 365 días del año, en todo el territorio nacional; Eliminación del Aporte Fiscal Indirecto y que el Estado debe asumir la responsabilidad de realizar formación técnica a través de sus instituciones,  c) Democratización de nuestro sistema de educación superior, exigiendo el derecho a la participación triestamental de todas las instituciones de educación superior en sus cuerpos colegiados, en las elecciones de autoridades unipersonales y en la toma de decisiones; y asegurar las libertades de expresión, cátedra y de asociación a estudiantes, docentes y trabajadores en todas las instituciones y d) Fin al Lucro de las ues privadas e institutos profesionales. Esto es compartido y difundido por los estudiantes universitarios de instituciones tradicionales y privadas de nuestro Colectivo de Educación Superior.
Las masivas movilizaciones contra la profundización de la privatización  de las políticas educativas siguen sumando actores a la convocatoria de estudiantes secundarios y universitarios, profesores, trabajadores, e incluso algunos rectores de universidades estatales los que se han congregaos desde mayo a las movilizaciones de los estudiantes Sus demandas, se explican en el financiamiento preferencial a las universidades del Estado, igualdad en el acceso a la educación superior y participación de la comunidad en la toma de decisiones en las universidades públicas, entre otras medidas que apuntan a desmercantilizar el sistema de Educación Superior.
Las movilizaciones sociales durante este 2011 se han apoderado de la escena pública con fuerza, y el PRO ha participado de ello. El surgimiento de nuevos actores colectivos y el desgaste del sistema político institucional en su conjunto han puesto en jaque al modelo económico y político por distintos flancos. Las ´luchas ciudadanas en defensa de los recursos naturales, la lucha por condiciones laborales más dignas y las recientes protestas estudiantiles son claros ejemplos de ello. El movimiento estudiantil replegado en   el 2005 con el Crédito con aval del Estado, con la LGE en el  2006 y la histórica levantada de manos de  la Concertación y la Derecha unidas, y en el 2008-2009 con  la definitiva aprobación de la LGE en que la Alianza en el poder arrodilló a la Concertación. Durante este extenso proceso de derrotas estudiantiles se experimentó un recambio considerable en las formas de luchas y en las maneras de hacer política estudiantil.
La participación de los estudiantes en partidos políticos es algo que ha ocurrido y seguirá ocurriendo, sin embargo, de  los procesos vividos  surgen las críticas a las dirigencias estudiantiles que elaboran los petitorios del conjunto de los estudiantes, respondiendo a los requerimientos de su respectivo partido político y la ya conocida práctica de negociaciones a espaldas del movimiento estudiantil. Es en este marco en el que una nueva manera de hacer política comienza a posicionarse con fuerza, expresada en el movimiento secundario durante el 2006, en la llamada revolución pingüina, y en el universitario durante el 2008. Una cultura política centrada en el diálogo entre los estudiantes de base, de manera horizontal, y en la que los representantes son voceros de las posiciones acordadas por el conjunto de los estudiantes. Ese recambio, en parte, es propiciado por el descrédito de los referentes políticos tradicionales y por el avance del modelo económico, y su complicidad con ello,  en materia educativa. Esa situación debiera revertirse con la derrota electoral de la concertación en las presidenciales y con el repliegue sistemático de ésta al mundo social para recuperar base de apoyo electoral. En ese marco de reconfiguración del sistema político partidista, los acercamientos entre la concertación y el PC son más contingentes, dejando claro el rol histórico de la concertación y el PC como contenedores políticos del descontento popular en los canales institucionales del Estado, en donde han ganado, a través de plataformas electorales, 15 federaciones de las 27 de la CONFECH y en el movimiento secundario con fuerte presencia en la FEMES (Federación Metropolitana Estudiantes Secundarios) que agrupa a los liceos emblemáticos. Sin embargo, ese control relativo de las dirigencias estudiantiles no se ha manifestado claramente y la disputa actual por la hegemonía del movimiento estudiantil sigue en pie de lucha.
La rearticulación del movimiento estudiantil este año ha sacado el conflicto estudiantil de lo meramente gremial para convertirlo en un problema transversal de toda la sociedad, convocando a diferentes actores sociales a las manifestaciones públicas (la protesta del 16 de junio, convocó en la RM a más de 70 mil manifestantes); sin embargo, la actual disputa interna y la presión gubernamental hacen que hoy cualquier tipo de salida al conflicto educacional sea dificultosa y que los sucesos de la CONFECH del 18 y 19 y el llamado al Encuentro Educacional a realizarse el viernes 17 y lunes 20 de junio sean fundamentales para poder evaluar el rumbo que tomará el conflicto.
Es necesario entender que la construcción del poder estudiantil es una tarea de todos y que se construye políticamente con organización y claridad programática no de un día para otro, sino que disputando la hegemonía real del movimiento estudiantil en sus estructuras de representación, volcándolas al trabajo de los estudiantes como los actores sociales relevantes. Y para avanzar hacia eso debemos plantear una política reivindicativa que genera unidad al interior del mismo movimiento, fortaleciéndolo política y orgánicamente. Sólo la unidad de los actores reales es el poder que hace temblar a los arcaicos; una unidad efectiva, una unidad real.
El movimiento estudiantil  y el Pro en su conjunto debe difundir su postura y  debe participar en ello a través de sus militantes universitarios y juventud y deben tener claridad de que la salida política de este momento en el que se encuentran necesita de perspectiva histórica, necesita aprender de los errores de ayer con miras al fortalecimiento del movimiento en su conjunto. En ese panorama debemos tener al menos las siguientes precauciones y/o consideraciones[1]: 1) el movimiento estudiantil necesita una plataforma de lucha única que unifique a secundarios, universitarios de universidades privadas y tradicionales  conformadas democráticamente y que apueste a instalar programáticamente el horizonte político común: la educación como un derecho social y que responda a los intereses del conjunto de la sociedad y no del mercado; 2) establecer una política de lucha mínima para el conjunto del movimiento estudiantil que permita la convergencia con otros actores sociales vinculados a la educación como docentes, funcionarios y familias; 3) evitar cualquier tipo de negociación política con las autoridades antes del cumplimiento de los puntos anteriores y sobre todo, 4) la no fragmentación del poder estudiantil; y 5) establecer como horizonte posible, una salida social al conflicto,  a través de las modalidades democráticas vigentes. Sólo la democracia real permitirá disputar la construcción de un proyecto de educación pública que responda a las necesidades de las y los estudiantes y de los académicos, profesores, y de los sectores más deprivados de estepaís.
N.Luco.
Comisión Programática de Educación
Partido Progresista

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